Albert Camus, portero malogrado por la tuberculosis

“Lo que más sé, a la larga, acerca de moral y de las obligaciones de los hombres, se lo debo al futbol”, escribió el ganador del Premio Nobel de Literatura 1957.

Redacción AN/enero 4, 2018 12:44 pm. El balón como educador; la portería como ejemplo de las cosas valiosas que hay que cuidar en la vida;el ser futbolista, como un sueño del que una tuberculosis lo privó antes de ser mayor de edad.

Así veía al futbol Albert Camus (Argelia, 7 de noviembre de 1913 / 4 de enero de 1960),Premio Nobel de Literatura en 1957. “Después de muchos años en que el mundo me ha permitido variadas experiencias, lo que más sé, a la larga, acerca de moral y de las obligaciones de los hombres, se lo debo al futbol“, escribió en la revista France Football(1957) el creador de El Extranjero.

Con esa frase podría bastar para entender lo que el balompié significó en la vida de Camus, quien antes de las letras posó sus sueños sobre el lienzo verde.

A temprana edad, Camus se enamoró de la redonda. No importaba la posición: sabía desenvolverse de goleador o de portero. Debutó con el club deportivo Montpensier pero entendió todo con el Racing, de la Universidad de Argelia (R.U.A.).

Como él mismo escribió, le “devoraba la impaciencia del domingo al jueves, día de práctica, y del jueves al domingo, día de partido”. Pero la vida tenía otros planes para el escritor de La Peste.

Una tuberculosis lo obligó a frenar su carrera como futbolista para dar inicio a lo que años más tarde lo haría reconocido a nivel mundial: la literatura.

A pesar de no poder jugar al futbol, Camus nunca se alejó de los estadios. En Francia, donde pasó gran parte de su vida, adoptó al Racing Club como su equipo predilecto. ¿La razón? “Porque usan las mismas camisetas que el R.U.A.”.

“Cada generación, sin duda, se cree destinada a rehacer el mundo. La mía sabe, sin embargo, que no lo rehará. Su tarea acaso sea más grande. Consiste en impedir que el mundo se deshaga.”

Y así transcurrió la vida de Camus, entre letras escritas con la delicadeza de un regate; con el sueño de ser futbolista a la espera. En una ocasión, Charles Poncet le preguntó qué prefería entre dos de sus grandes pasiones: ¿el futbol o el teatro? El Nobel fue claro: “El futbol, sin duda”.

“Pronto aprendí que la pelota nunca viene hacia uno por donde uno espera que venga.Eso me ayudó mucho en la vida, sobre todo en las grandes ciudades, donde la gente no suele ser siempre lo que se dice derecha.”

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