Amapola, la flor de la violencia

Municipios de Chihuahua, Sinaloa y Durango comparten la tragedia de ser un territorio donde se produce goma de opio desde hace casi un siglo

20/11/2017 05:00  MARCOS MUEDANO/Excélsior/CIUDAD DE MÉXICO. Dicen algunos historiadores que en la década de 1940 inició la fiebre por el Oro Rojo. Durante la Segunda Guerra Mundial, el dolor en el campo de batalla de las tropas norteamericanas necesitaba un alivio, y la morfina, un analgésico hecho a base de amapola, era el remedio.

Los ex presidentes de Estados Unidos, Franklin D. Roosevelt, y de México, Manuel Ávila Camacho, eligieron la sierra que cruza los estados de Chihuahua, Durango y Sinaloa como el campo de cultivo.

Durante el conflicto bélico la producción ayudó a los pobladores e hizo olvidar el sufrimiento a los soldados heridos. Pero al terminar la guerra, la siembra y la cosecha continuaron. Las ganancias eran evidentes y la demanda mayor, eso lo entendieron las primeras generaciones de narcotraficantes en la zona.

Siete décadas después, lo que fue alivio para los soldados norteamericanos es dolor para madres, padres e hijos que han visto morir y desaparecer a un familiar, e incluso se han desplazado de sus comunidades por la violencia e inseguridad que mantienen los cárteles por la producción y trasiego del Oro Rojo que un sector de la población del vecino país del norte consume, principalmente en las calles de Chicago, Texas, Phoenix, Los Ángeles, El Paso, Denver y Oklahoma, a través de la heroína.

Nadie conoce con exactitud las ganancias millonarias del crimen organizado por la venta de la droga. Pero para los pobladores del Triángulo Dorado, una de las zonas del país donde se cultiva la amapola, los daños son evidentes e irreparables.

Dicha área está integrada por los municipios de Batopilas, Guadalupe y Calvo, Guazapares y Morelos, pertenecientes al estado de Chihuahua; Canelas, Tamazula y Topia, en Durango; así como Badiraguato, Sinaloa de Leyva, Cosalá, Culiacán y Choix, en Sinaloa.

Según los registros del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), entre el 1 de enero de 2011 y el 30 de septiembre de 2017, los ministerios públicos de las tres entidades iniciaron cuatro mil 993 averiguaciones previas o carpetas de investigación por el asesinato con arma punzo cortante, de fuego o de forma violenta en contra de menores, mujeres y hombres, sólo en esos 12 municipios.

Sobre el éxodo de cientos de familias, la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica (ENADID 2014) del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), menciona que 27 mil 114 personas cambiaron de residencia en Chihuahua, Durango y Sinaloa, por la inseguridad o violencia. Sin embargo, los datos no precisan los municipios en los que habitaban.

El 14 de septiembre, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) emitió la Recomendación 39 /2017, en la que documenta el desplazamiento de dos mil 38 personas en Sinaloa. De ellas, mil 882 habitaban en 68 comunidades de los municipios de Badiraguato, Choix y Sinaloa de Leyva.

El 12 de julio de 2016, V1 -Víctima- le manifestó al personal de esta Comisión Nacional que eran muy pocas las personas que por necesidad se atrevían a regresar a sus hogares y lugares de origen, y que ‘las pocas personas que se atreven a regresar a sus lugares de origen, son víctimas de los grupos delincuenciales pues éstos obligan a las personas a firmar un documento donde los pobladores se comprometen a respetar y cumplir todo aquello que ordenen dichos grupos en determinado territorio”, menciona el documento dirigido al gobernador de Sinaloa, Quirino Ordaz Coppel; al fiscal de la entidad, así como a los alcaldes de Choix y Sinaloa de Leyva.
Durante las entrevistas de campo realizadas por la CNDH, los visitadores registraron pueblos fantasma en las comunidades de Ocuragüe, la Sierrita de los Germán y San José de los Hornos. “Estos mismos lugares quedaron casi deshabitados por el éxodo masivo de personas”.

El testimonio de uno de los habitantes describe el problema causado por el Oro Rojo: “las comunidades se disolvieron entre los que ejercen violencia, quienes son víctimas de ella y los que, por evitar serlo, se convirtieron en desplazados internos forzados”.

Pero los asesinatos y el éxodo en el Triángulo Dorado sólo son una parte de la estela de violencia que deja a su paso la siembra y cosecha de amapola. En el Registro Nacional de Datos de Personas Extraviadas o Desaparecidas (RNPED), los nombres, edades, sexo y localidad en la que fueron vistos por última vez mil 136 personas (mujeres y hombres) en el Triángulo Dorado, muestran un poco de la realidad que en los últimos años mujeres y hombres han vivido por la impunidad que grupos criminales han obtenido a través de la cooptación de autoridades municipales, estatales y federales.

Estaba preparando el desayuno como a las ocho de la mañana y llegó el helicóptero a El Limón, lo vi por la ventana de la cocina, había además otros cuatro helicópteros, llegaron tirando, salí de la casa para que vieran que era una mujer sola, eso me había dicho mi esposo que hiciera en caso de que llegaran así los helicópteros… mi esposo se regresó y nos fuimos con mi hija por el monte… tardamos cuatro días en llegar a Cosalá…” menciona uno de los testimonios incluidos en la Tesis: “Emigración y desplazamiento desde el Triángulo Dorado y su Relación con el Desempleo y la Violencia, 2000-2015”, escrita por Marcela Gurrola Rosas, para el Colegio de la Frontera Norte.

DE “LA NACHA” A “EL CHAPO”

El investigador Francisco Cruz Jiménez explicó que  Ignacia Jasso, “La Nacha”, fue la fundadora del Cártel de Juárez.

Documentó cómo “La Nacha” le quitó el control del contrabando de alcohol y opio a los migrantes chinos en El Paso, Texas, Estados Unidos, a finales de la década de 1920, para abastecer a los veteranos que habían combatido en la Primera Guerra Mundial.

“La Nacha” fue la primera líder del cártel de Juárez, un negocio familiar que heredó a sus hijos Manuel, Natividad, Ignacia y Pabla, madre de Héctor Ruiz, “El Árabe”, quien controló el cártel y la distribución de drogas, entre ellas heroína, hasta 1973.

Durante la hegemonía de la familia de Ignacia, el Triángulo Dorado vio nacer a una nueva generación de narcotraficantes, como Pedro Avilés Pérez, “El León de la Sierra”; Ernesto Fonseca Carrillo, “Don Neto”; Miguel Ángel Félix Gallardo, “El Vampiro”, José Luis Ruelas Torres; Marcos Arturo Beltrán-Leyva, “El Jefe de Jefes”; Manuel Unzueta Salcido, “El Cochiloco”; Raúl Flores Hernández, “El Tío”; Ignacio Coronel Villarreal, “Nacho Coronel”; Amado Carrillo Fuentes, “El Señor de los Cielos” o Juan José Esparragoza Moreno, “El Azul”.

En la lista, también se encuentran Ismael Zambada García, “El Mayo”; Rafael Caro Quintero; y Joaquín Archivaldo Guzmán Loera, “El Chapo”, estos últimos considerados por la Administración para el Control de Drogas (DEA, por sus siglas en inglés), como líderes del cártel de Pacífico, una de las tres organizaciones criminales que controlan la producción de amapola en el Triángulo Dorado.

Según la información de la DEA, otro de los cárteles que compiten por la producción de amapola en el Triángulo Dorado es el Juárez, comandado por Carlos Arturo Quintana Quintana, “El Ochenta”, y Julio César Olivas Torres, “El Sexto”.

El otro cártel inmiscuido en la producción de amapola es el de los Beltrán Leyva, dirigido por Fausto Isidro Meza Flores, “El Chapo Isidro”, y José Luis Ruelas-Torres.

SUMAN 53 NARCOLABORATORIOS DESTRUIDOS

En lo que va del año han sido localizados 53 laboratorios clandestinos de producción de droga en Sinaloa, principalmente en la zona serrana de los municipios de Culiacán, Cosalá y San Ignacio.

A pesar de que la mayoría han sido asegurados en Culiacán, los más grandes fueron ubicados en el municipio de Cosalá, a 166 kilómetros de la capital del estado, un territorio controlado por el Cártel del Pacífico.

Apenas iniciaba el año y el Ejército ya había encontrado un narcolaboratorio en la comunidad de El Zapote, con químicos para producir hasta tres toneladas de droga sintética.

Pero el más grande golpe se realizó en abril, cuando elementos de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) encontraron un laboratorio clandestino capaz de producir 200 kilos diarios de Crystal, equipado con toma de agua y generadores de electricidad.

El Crystal se obtiene de la mezcla de diversas sustancias químicas preparadas en reactores, la mayoría de fabricación casera.

Apenas en agosto el Ejército localizó un narcolaboratorio en el municipio de Mocorito, donde encontró 2.7 toneladas de Crystal.

Pero además de la droga sintética, Sinaloa es uno de los estados aptos para el cultivo de amapola, la planta de donde se obtiene la goma de opio, necesaria para producir heroína.

La Sedena estableció el Mando Especial Badiraguato, donde el 19 de octubre el general Ricardo Reyes asumió la Comandancia y el compromiso de erradicar la mayor cantidad de cultivos.

Durante el primer trimestre del año se destruyeron manualmente poco más de ocho mil plantíos de amapola en Badiraguato, y cerca de 500 por aspersión aérea, por lo complicado que resulta llegar a algunos lugares.

 

– Jesús Bustamante

 

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