Brutal ataque xenófobo a un turista español en Rusia

QUICO ALSEDOPABLO HERRAIZ/El Mundo/13 JUL. 2017 03:11 Un turista español fue víctima el pasado sábado de una brutal agresión xenófoba en Rusia. El suceso que casi le cuesta la vida ocurrió en la estación de San Petersburgo, donde un hombre que le venía siguiendo desde la calle se arrojó contra él y le asestó al menos seis puñaladas, una de ellas en el cuello.

El agresor fue arrestado, y allí declaró que odiaba a los extranjeros «porque viven mucho mejor» que él, según relataron los policías rusos a varios miembros del viaje organizado en el que iba el hombre apuñalado.

Este periódico habló ayer con la víctima, Anastasio M. G., de 65 años, que ya está en España recuperándose de sus heridas: «Había ido a Rusia en un viaje de grupo y nos dieron un tiempo libre. Mi mujer, mis cuñados y yo queríamos ir a un centro comercial en San Petersburgo, pero al pasar por la estación de autobuses nos gustó y entramos a verla», recuerda.

«Empezamos a subir unas escaleras, y cuando estaba llegando al último peldaño se me abalanzó este hombre encima y me clavó un cuchillo en el cuello. Yo noté perfectamente cómo intentaba serrar mi cuello, cómo hacía el movimiento de seguir cortando, sin sacar el cuchillo. Pero la hoja se enganchó en las correas de mi mochila y no pudo seguir», explica Anastasio.

«Entonces forcejeamos y él empezó a clavarme el cuchillo en las manos, el brazo, la muñeca… Cuando me lanzó una puñalada hacia el estómago me caí por las escaleras unos siete u ocho peldaños y por suerte ahí no me clavó el cuchillo.

Pero él volvió a atacarme y entonces mi cuñado le agarró, y un ruso que estaba por allí le dio una patada muy fuerte y le tiró el cuchillo».El agresor salió corriendo, pero enseguida fue detenido. «En ningún momento perdí la consciencia, así que me enteré de todo. Me llevaron al ambulatorio y allí empezaron a curarme. Después me llevaron a un hospital», relata.

Y a Anastasio todavía le quedaba una noche muy larga: «A las 11 de la noche me llevaron a una comisaría a declarar, y por suerte me acompañaron unos policías españoles que venían en mi mismo viaje. Ellos me ayudaron con las autoridades rusas y también avisaron a la embajada y al consulado. Estuve declarando hasta las siete de la mañana. Ya se habían quedado mi camisa, pero querían también mis pantalones manchados de sangre para analizarlos. Así que al final me llevó una patrulla al hotel y allí tuve que cambiarme de ropa y darles la que estaba manchada».

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