El último adiós a “Pancho” Colorado: misa, mariachi y desplegados

POR NOÉ ZAVALETA , 21 MARZO, 2018/REPORTAJE ESPECIAL/XALAPA, Ver. (apro).- Las cenizas de Francisco Pancho Colorado Cessa llegaron esta semana al norte de la entidad, donde familiares, amigos, políticos y empresarios le realizaron una misa en el municipio de Tuxpan, en que los cánticos clericales fueron intercalados con música de mariachi.

Los restos de Pancho Colorado, dueño de ADT Petroservicios, lavador de dinero de la organización delincuencial de Los Zetas y quien purgaba una condena de 20 años en una prisión de Texas, tuvieron un recibimiento fervoroso por parte de familiares, expolíticos y empresarios veracruzanos, quienes rindieron pleitesía a su memoria en la iglesia Corpus Christi de Jardines.

El llamado narcoempresario transitó entre el PRI, PAN y PRD, donde tejió relaciones de toda índole, por eso hoy al acto también acudió la exdiputada local priista Gabriela Arango Gibb, Francisco Silva Ramos –hermano del diputado federal y exvocero de Javier Duarte, Alberto Silva–, la empresaria periodística Norma Gibb, así como varios empresarios del norte de Veracruz.

Ausentes, recriminaron amigos y familiares de Pancho Colorado, el panista y exdiputado federal Daniel Vázquez; el exlíder estatal del PRD, Rogelio Franco –hoy secretario de Gobierno– y “el compadre” de Colorado, el senador y excandidato priista a la gubernatura Héctor Yunes Landa.

El inmueble religioso fue fuertemente custodiado por decenas de guaruras, en que ese mismo personal repartía “recuerdos” de la misa con las cenizas de Colorado Cessa, quien según la justicia estadunidense utilizó millones de dólares para comprar caballos “cuarto de milla” y lavar dinero para los hermanos Miguel Ángel y Óscar Treviño, exlíderes de Los Zetas.

Las plegarias

Una de las plegarias advertía al calce: “No te acerques a mi tumba sollozando, no estoy allí, no duermo ahí, soy como mil vientos soplando, soy como un diamante en la nieve, brillando, soy la luz del sol sobre el gramo dorado, soy la lluvia gentil del otoño esperado”.

Desde ayer, el periódico La Opinión de Poza Rica, cuyo dueño Raúl Gibb Guerrero fue ejecutado en abril del 2005, estuvo publicando desplegados para “despedir” con profunda pena y dolor al señor Francisco Antonio Colorado Cessa a la edad de 57 años.

Hoy en la iglesia Corpus Christi de Jardines se colocaron flores blancas y una enorme fotografía de Pancho Colorado, junto a una modesta caja de madera en donde reposaban las cenizas del empresario y narcotraficante veracruzano.

Colorado Cessa desde la cárcel norteamericana admitió que sí apoyó, “como otros empresarios”, la campaña del priista Javier Duarte a la gubernatura en el 2010. En una posterior entrevista telefónica –ambas con Ciro Gómez Leyva– detalló que a Duarte de Ochoa sólo le dio “voto y confianza”, mientras que el otro candidato, el panista Miguel Ángel Yunes Linares –quien en esa ocasión perdió la gubernatura, pero la ganó en 2016–, “intentó pasarle la charola”.

Colorado Cessa, “obligado” o en permisividad, fue clave con otros empresarios veracruzanos en “lavar dinero” de Los Zetas junto con Marciano Nayen –anfitrión del capo de esa organización, Efraín Teodoro Torres, El Z-14, abatido en una carrera de caballos en Villarín, en el puerto de Veracruz, en marzo de 2007– y Alfonso del Rayo Mora, excandidato perdedor a diputado federal por el PRI.

Los tres fueron prestanombres de los hermanos Óscar y Miguel Treviño Morales, cabezas de dicha organización delictiva. Ahora Pancho Colorado ya murió y Marciano Nayen, después de la balacera en Villarín –donde tenía su rancho–, desapareció sin dejar rastro, y Alfonso del Rayo se volvió “testigo protegido” de la estadunidense y hace un par de años regresó a tierras veracruzanas.

En el PRI, el senador Héctor Yunes Landa y Colorado se decían “compadres”, e incluso fotos en poder de Apro, y que corresponden a la campaña a senador de 2012, muestran a un sonriente Yunes en franca camaradería con Colorado.

Más aún, en ese evento le presenta a su compañero de fórmula, José Yunes Zorrilla –hoy candidato a gobernador de Veracruz por el PRI–. Los abrazos son elocuentes en las imágenes.

En el PAN, Miguel Colorado Cessa, hermano de Pancho, fue candidato a diputado federal en 2009 por una zona que en aquel entonces abarcó los municipios de Poza Rica, Castillo de Teayo, Coatzintla y Tihuatlán, hoy dominada por los embates del crimen organizado.

Su principal soporte y respaldo en esos mítines de campaña fue Miguel Ángel Yunes Linares –en aquel entonces diputado federal y hoy gobernador de Veracruz– y la excandidata presidencial, Josefina Vázquez Mota, hoy candidata plurinominal al Senado por el PAN. Yunes aseguró que nunca tuvo relación “con ese individuo”, y sostuvo que “nunca lo invitó siquiera a comer” en su calidad de empresario del norte de Veracruz.

En esa época electoral (2009), la familia Colorado prestó una aeronave a la entonces titular de la SEP Josefina Vázquez Mota y visible aspirante a la silla presidencial rumbo al 2012 para una gira por el norte de Veracruz.

En el PRI, el apoderado legal de las empresas ADT Petroservicios es Francisco Silva Ramos –hoy empresario restaurantero del Pomodoro–, hermano del exalcalde de Tuxpan.

En el PRD, en 2007, Miguel Colorado Cessa, ofertando a ADT Petroservicios como capital político, fue candidato a la alcaldía de Tuxpan. Ahí, Miguel y Pancho Colorado cultivaron amistad con el entonces líder estatal perredista Rogelio Franco Castán, quien “palomeó” la nominación y que hoy despacha como secretario general del Gobierno de Yunes Linares.

El exgobernador Fidel Herrera también fue exhibido montando caballos de Pancho Colorado junto con el extitular de Sedarpa, Juan Humberto García Sánchez, en una cabalgata en Chicontepec. El priista Herrera Beltrán negó que fueran amigos o hubiera negocios de por medio.

En Poza Rica y Tuxpan, al norte de la entidad, empresarios, abogados y exempleados del rancho “Flor de María” revelaron que dicho oasis campirano, próspero en cabezas de ganado, producción de leche y cultivos agrícolas, lo mismo era visitado por priistas, panistas y perredistas, quienes solían hacer hasta fila, pues las “bondades” y “prebendas” de Colorado no distinguían sello político y sólo privilegiaba los negocios.

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