La importancia de llamarse Yarrington

La importancia de llamarse Yarrington

El exgobernador de Tamaulipas, considerado uno de los padres políticos de los Zetas, inquieta a la clase política que teme su confesión

JACOBO GARCÍA  / El País /  México 14 ABR 2017 – 22:34. La importancia de llamarse Tomás Jesús Yarrington Ruvalcaba es haber tenido hasta octubre ocho escoltas pagados por el Estado a pesar de llevar cinco años prófugo. Exactamente el doble de importante que su sucesor al frente del Gobierno de Tamaulipas, Eugenio Hernández, también prófugo, que tenía cuatro. La importancia de apellidarse Yarrington fue poder poner los pies en la mesa del rancho de George Bush, cuando eran “compadres”, como lo definió el gobernador de Texas antes de convertirse en el 43º presidente de Estados Unidos.

La trascendencia de Yarrington es fugarse de México a pesar de ser la figura política central en el surgimiento de la empresa más criminal del México reciente: el cartel de Los Zetas. La importancia de apellidarse Yarrington Ruvalcaba es permanecer “tranquilo” a pesar de todo ello, como dijo su abogado, y cenar en un elegante restaurante de la Piazza de la Signoria de Florencia, hasta el 9 de abril en que fue detenido.

Hasta hace cinco días eran muchos los dedos que lo señalaban y pocas las manos que lo atraparon a pesar de la larga lista de acusaciones en su contra.

La clase política y empresarial teme ahora la confesión de un político que ha pasado más de la mitad de sus 60 años ocupando cargos públicos, que quiso ser presidente de México y cuyos turbios negocios fueron documentados durante los Gobiernos de Vicente Fox y Felipe Calderón sin que salieran nunca del cajón.

Matamoros, donde Yarrington fue alcalde, es hoy la capital de los Zetas

Nacido en la ciudad de Matamoros en 1957, no son pocos los analistas que estos días han recordado que su ciudad natal, donde fue alcalde, es hoy la capital del cartel de Los Zetas que desangra Tamaulipas.

Cuando en 1999 Yarrington llegó al poder, el capo Osiel Cárdenas Guillén contrató a 20 integrantes del Ejército mexicano formado en Estados Unidos. Rápidamente aquellos 20 pasaron a ser 500 reclutados entre los antiguos kaibiles guatemaltecos y comenzó a extenderse por Tamaulipas y Veracruz. Había nacido el cartel más sangriento de las últimas décadas y su misión ya no solo era el trasiego de droga, sino la extorsión, el tráfico de migrantes o el secuestro. Cualquier rubro que diera dinero. En pocos años sus tentáculos se extendieron hacia Coahuila, Nuevo León, Tabasco, Guerrero, Michoacán y Nayarit gracias a una sanguinaria estrategia de terror que llega hasta hoy, mientras Yarrington miraba hacia otro lado.

La acusación criminal contra Yarrington en Estados Unidos, presentada ante la Corte para el Distrito Sur de Texas indica que, desde 1998, el político tamaulipeco recibía sobornos del Cartel del Golfo para que el grupo criminal no tuviera “interferencias” en el trasiego de droga hacia Estados Unidos.

El exmandatario estatal está acusado de lavado de dinero, conspiración para defraudar, hacer declaraciones falsas a bancos estadounidenses y tráfico de drogas.

De acuerdo con la acusación, los pagos de dicho cartel se mantuvieron durante y después de su gestión como gobernador, entre 1999 y 2004. Para mover el dinero que obtuvo del narco, y también del erario público, el exgobernador adquirió “valiosos activos” en Estados Unidos a través de prestanombres y distintas empresas. Los activos incluyen cuentas bancarias, residencias, aviones, vehículos y viviendas y ranchos en Estados Unidos y México.

Una vez que dejó el cargo Yarrington se involucró “más directamente” en el tráfico de drogas, de acuerdo con la causa penal. “De conformidad con este acuerdo, grandes cantidades de cocaína fueron llevadas de México a través de embarcaciones hacia Estados Unidos”, sostiene la acusación.

A pesar de todo ello, según el abogado de Yarrington en Italia, donde está encarcelado “no hay ningún pedido de extradición formal”, dijo a la agencia Notimex. “Del Departamento de Justicia de Estados Unidos hay un ‘acto de anticipación’ (de la solicitud de extradición), pero de México no hay ni la sombra. Todo me pareció muy informal”, explicó Luca Marafioti.

La importancia de llamarse Yarrington es haber convertido en normal lo que parecía algo extraordinario.

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