Muere Charles Bradley, aclamada voz del soul

El músico estadounidense, que grabó su primer disco a los 63 años, fue uno de los grandes embajadores del género en el último lustro

FERNANDO NAVARRO/El País/24 SEP 2017 – 07:00. Se pasó toda su vida siendo un imitador de James Brown, hasta que todos le admiraron por su nombre: Charles Bradley. El cantante, fallecido ayer, sábado, a los 68 años a causa de un cáncer de estómago en el barrio neoyorquino de Brooklyn, simbolizó un logro difícil de encontrar. En el mundo de la música suele medirse el éxito por el número de ventas y, en el mejor de los casos, por el impacto artístico o social de una carrera, pero muy pocas veces por el simple hecho de llegar a cumplir un sueño, aunque esto suceda cuando uno tenga edad de jubilarse. Bradley grabó su primer disco a los 63 años y lo que para él fue una meta personal que llevarse a la tumba se convirtió en un alegato pasional de soul que le dio a conocer en medio planeta.

Nacido en Gainesville, Florida, este músico de garganta desgarradora quedó en 1962 impactado a los ocho años al ver por primera vez en directo a James Brown en una de sus incendiarias actuaciones del Apollo Theater de Harlem. Fue de la mano de su hermana mayor a ese concierto, pero desde entonces aquel chaval crecería frente al espejo de su habitación, imitando al que luego sería el rey del funk, al hombre que hizo avanzar como un torbellino la música negra y revolucionó a la sociedad afroamericana con sus bailes y pildorazos infectados de ritmo. Todo el universo musical de Bradley se rigió bajo las reglas sonoras y estéticas que impuso Brown al rhythm and blues.

Sin apenas estudios y dentro de una familia sin recursos, Bradley tuvo que trabajar de todo, sin poder dedicarse profesionalmente a la música. Fueron muchos años pasando por cocinas, oficinas de mensajería y cualquier cosa que le saliera para ganarse unos dólares. Incluso durante una temporada llegó a dormir en la calle. Finalmente, cercano al medio siglo de vida y tras una llamada de su madre para que se fuera a vivir con ella a Nueva York, consiguió un trabajo como imitador de James Brown en un garito de Brooklyn.

Parecía que acabaría sus días así, pero un amigo le convenció para que se dejase caer por Daptone Records, el sello de Brooklyn, erigido en este siglo XXI como una gran casa de la música negra de tintes clásicos. Bradley dejó una cinta de VHS con una de sus actuaciones y, poco después, le contrataron. Empezó como corista, hasta que en 2011, a la edad de 63 años, hizo su debut con No Time for Dreaming, un álbum que, pese a los tics que evidenciaban su deuda con su héroe Brown, fue recibido en el circuito del rhythm and blues norteamericano con los brazos abiertos. El vocalista de Florida se benefició en parte del revival soul que imperaba en aquellos años.

En 2013, publicó Victim of Love, un notabilísimo tratado de sentimentalismo soul, apoyado en su vozarrón. Bradley rompía su propio molde de imitador de James Brown y daba rienda suelta a su latido incontrolable de R&B con impulso funky. Reforzado por la poderosa sección instrumental de Daptone, el músico estuvo de gira por Estados Unidos y saltó a los circuitos internacionales. Él y Sharon Jones, otra voz negra visceral que también vivió sus días de gloria en el otoño de su vida, se convirtieron en los nuevos embajadores del soul con esencias clásicas. Ninguno había inventado nada y ninguno mostraba interés por explorar en el R&B como hacían otras luminarias coetáneos imbatibles como Frank Ocean o D’Angelo, pero ambos eran pasión desbordante. Resultaba casi imposible alcanzar su cénit emocional encarando las canciones, resquebrajando al oyente con su fuerza innata, con su hambre insaciable al micrófono.

Todo quedó perfectamente constatado en Changes, su tercer disco, publicado el año pasado. La defensa de las viejas formas pero con envoltorio contemporáneo, nada retro, tuvo en esta obra una pequeña cumbre. Inspirado por la muerte de su madre y sustentado en la visión que ya el propio músico tenía asumida de guardián de un género en vías de extinción, el álbum reivindicaba su identidad de superviviente afroamericano en un país que volvía a plantearse el dilema racial ante los disturbios de distintas ciudades. Con reminiscencias a Otis Redding o Solomon Burke, Changes enlazaba de alguna manera con las preocupaciones actuales del guetto.

Hace unas semanas, Daptone Records anunció que Bradley suspendía su gira por culpa del cáncer. En España, se le pudo ver acompañado de Lee Fields, otro representante del sonido Daptone, y también en solitario en el festival Black is Black de Madrid. Bradley salía con la capa a lo James Brown, movía el esqueleto como su ídolo y le rendía pleitesía mientras se derretía sobre el escenario en un auténtico acto de redención con la vida. Lo había conseguido. Apenas ha tenido cinco años para disfrutarlo. Pero el eco de su logro y de su música perdurará mucho tiempo más.

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