Organización religiosa prometió “curar” el alcoholismo de Irving, encontró todo no a Dios

3 DE ENERO DE 2018/News Cultura Colectiva/Lau Almaraz/Irving Sánchez contó su historia a Cultura Colectiva Noticias. Creyó que no viviría para contarla.

Irving pensó que iba a un retiro espiritual. Imaginó que en el lugar en el que iba a estar desde la mañana del viernes y hasta la madrugada del lunes, tendría tiempo para reflexionar sobre el alcoholismo que lo poseía desde más de una década. Pero lo último que encontró en ese lugar fue paz.

No sabía que además de sortear a los demonios etílicos que lo asechaban terminaría encerrado en un laberinto de maltrato físico y psicológico. Tampoco sospechó que en ese lapso no iba a poder dormir ni un sólo minuto porque, si lo hacía, recibiría manotazos en la cabeza. «De haberlo sabido, quizá no hubiera ido nunca», contó Irving Sánchez a Cultura Colectiva Noticias.

La devoción de su mamá por la Virgen de Guadalupe provocó que ella creyera todo lo que le dijeron en esta institución religiosa. «Yo lo superé con las terapias a las que pude acudir cuando conocí a mi novia. De otro modo no lo hubiera podido hacer. A la iglesia yo no le debo nada», indicó Irving.

Fue un amigo el que le recomendó a la madre de Irving llevarlo para que dejara el alcohol. Él, según el propio joven de 29 años, le dijo a su mamá que «tenía que pasar ‘el mensaje’» el cual consistía en ayudar a otra persona en problemas, para que acudiera a la organización religiosa a la que Irving llama “iglesia”.

Saúl, mi amigo, platicó conmigo y con mi mamá. Me dijeron que sólo serían cuatro juntas previas a mi fin de semana de retiro espiritual y que con eso ya estaría rehabilitado. Después de intentarlo tanto tiempo, dije que sí, pues la consideré mi última oportunidad.

Cuando Irving llegó a la primera junta, fue recibido por una mujer que le hizo preguntas demasiado específicas. Una de ellas era si consumía drogas y, también, cuánto creía en la Virgen de Guadalupe. «Después de cuestionarme, me subió al segundo piso. Las juntas eran en casa de uno de los ‘padrinos’», dijo Irving al referirse a uno de los líderes de la iglesia.

En el cuarto había unas cinco personas, todas sentadas en sillas de plástico de color melón. Al frente, había dos sillas, en una estaba una mujer a la que llamaban ‘oreja’ y otra que era la ‘madrina’. Ella era la encargada de contarnos su historia de rehabilitación, aunque siempre lo hacía con malas palabras.

Las madrinas cambiaban cada día. Fueron cuatro distintas. Todas contaban una historia de rehabilitación en la que Dios y la Virgen de Guadalupe guiaban a la iglesia a llevar por el buen camino a aquellos que padecieran el alcoholismo. Ellos estaban obligados a pasar ese mensaje, pues era la consigna.

Para el cuarto día, que era jueves, antes de terminar la reunión que comenzaba a las ocho de la noche y terminaba cerca de las doce, nos comenzaron a decir los padrinos qué era lo que teníamos que llevar a la hacienda para nuestro retiro espiritual.

«Nos pidieron que lleváramos fotos de nuestras familias, de nuestras parejas, que lleváramos también una linterna, cobijas y medicamento en caso de necesitarlo». El viernes, todo comenzó mal para Irving. Cuando se subió al auto que lo trasladaría a la hacienda, le cubrieron los ojos, le pidieron que dejara su celular con uno de los padrinos, le dijeron que todo estaría bien.

«¡Ahora sí, hijos de su pinche madre, ahora sí van a saber lo que es amar a Dios!». Así fue como Irving y otras quinientas personas provenientes de distintas partes de la república y, además, de escasos recursos, fueron recibidos por Hassan, el padrino que ese fin de semana lideraba el retiro.

Nos quitaron todo. Entramos a un lugar de adobe en el que habían mesas de plástico y habían también sillas blancas al frente. En las mesas había un block de hojas blancas y a un costado un paquete de plumas.

Cada uno de los asistentes tenía un gafete con su nombre. Ya todos en su lugar, comenzaron a escuchar las historias de rehabilitación de los padrinos. Después, ellos eran obligados a escribir hasta el cansancio. ¿Qué escribían? Su historia. Si de pronto se quedaban sin escribir o si parpadeaban, les golpeaban la cabeza con la mano para despertarlos.

«¡Eres una vergüenza para tu familia! ¡Seguramente tu madre no te quiere, porque eres un pinche vicioso! ¡Al mundo no le sirve un puto parásito como tú!», esos eran los gritos que escuchaban aquellos jóvenes que buscaban una oportunidad para dejar el alcoholismo.

«Pensé que me iban a matar», declaró Irving. «No pensé que saldría vivo de esa». El domingo en la mañana, después de tres días de no ver la luz del sol, los padrinos dejaron salir a los jóvenes diciéndoles que recibirían un regalo de la Virgen de Guadalupe, que voltearan al cielo para recibir ese obsequio.

Obvio la luz la veíamos más brillante después de estar a oscuras. Con el ánimo abajo, todos pensamos que era realmente Dios o la Virgen quienes se aparecían brillantes ante nosotros.

El domingo en la tarde, Irving y los demás fueron asignados a un padrino, cada uno según las necesidades de los jóvenes. A él, por ejemplo, le asignaron a una persona que le decía: «a ti te violaron de pequeño y por eso eres alcohólico y no nos vamos a ir hasta que lo aceptes».

Al no aceptarlo, Irving fue golpeado varias veces en el estómago. Después, lo hincaron con los ojos cerrados y le pidieron que alzara sus manos al cielo agradeciendo a la Virgen de Guadalupe, pues él ya estaba curado. A cada una de estas personas le pidieron 500 pesos por todo el fin de semana. Tomando en cuenta que eran 500 los jóvenes que acudieron a aquel retiro, la iglesia acumuló 250 mil pesos.

Yo no me rehabilité por ellos. Mi novia me pagó terapias con una psicóloga y salí de ese problema. Llevo tres años sin probar una sola gota de alcohol, pero ¿te imaginas la gente que no tiene la posibilidad que yo tengo de ir a terapia? Confía en estos charlatanes y te sacan dinero y luego hacen que les saques dinero a los demás que también buscan acabar con su problema y eso no es justo.

En México operan muchos centros de reclusión para alcohólicos donde ocurren asesinatos, torturas, suicidios y muchas otras violaciones a los derechos humanos ante la inacción de las autoridades, ya de por sí incapaces de atender a los casi 7 millones de alcohólicos del país.

 

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